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La Novela: Santuario escrito por EMC² Fundadores
Stephen Lewis & Evan Slawson

 

Santuario: El Camino a la Conciencia

Contenido

  • Prólogo
  • Jane
  • Jane y Terry
  • Mi Casa
  • La Carretera
  • Geomancia
  • Jane: Una Evaluación Energética
  • Max y Yo
  • El Coro
  • La Primera Reevaluación de Jane
  • Las Ideas de Doug
  • Crónicas del Pulgar - Parte I
  • Resolviendo lo Incognoscible
  • La segunda Reevaluación de Jane
  • Crónicas del Pulgar - Parte II
  • Max Habla
  • El Fín de las Crónicas del Pulgar
  • Mi Turno
  • Jane: Una Posdata
  • Epílogo: La Evolución de AIM
  • Epílogo - Parte II: Hasta el día de hoy
 
 

*Una nota de EMC² en "equilibrio energético"

Somos conscientes de que hay muchos caminos a la conciencia, pero le pedimos que, como usted decide participar en un ministerio de sanación energética, usted sabe que lo que se ilustra en Santuario: El Camino a la Conciencia en este sitio web se ofrece únicamente por EMC².

Una amplia evaluación energética de Stephen Lewis de personas que utilizan otras modalidades energéticas pone de manifiesto la persistencia de los desequilibrios energéticos que usted puede quitar fácilmente con las energías de equilibrio previstas por la AIM (Todo Incluido Método) Programa.

EMC² creó el Programa AIM en 1998 y es su única fuente. El Programa AIM es el resultado de las revelaciones dadas a Stephen Lewis, y es la culminación de la obra de su vida. Se continúa desarrollando el Programa AIM, energías nuevas de equilibrio se revelan y se añade regularmente. El Programa AIM tiene la más alta integridad, y los participantes seguirán recibiendo excelentes resultados de energéticos.

Esteban recibe un Todo semanal Energía Mostrar para mantener a los participantes de AIM informado de todas las revelaciones nuevas y actualizaciones del programa y expansiones.

Paz y bendiciones,
EMC²

 

Prologo


¿Que pasaría si un día te despertases y te dieras cuenta de que el mundo es distinto de lo que pensabas—inmensamente distinto? ¿Si te encontraras en medio de una revolución científica y espiritual que desafiase el fundamento de todo lo que sabes del mundo que te rodea? ¿Si tu certeza de la separación en el universo pudiese ser destruida por la experiencia directa de unidad con todo? ¿Si esta revolución científica fuese en realidad una revolución de la conciencia humana?

¿Cómo te sentirías si las cosas que te bloquean en la vida, que te frenan, y te impiden ser la persona que siempre quisiste ser, pudiesen desaparecer? ¿Si la conciencia de tu conexión con todo se convirtiese en la experiencia, chocantemente positiva, del fluir de la energía universal a través de tu mente, cuerpo y espíritu? ¿Si el camino al conocimiento se pudiese andar en un instante, estarías preparado? ¿Podrías acomodar tu vista para ver cómo es el mundo en realidad, si esto significara derribar tus conceptos anticuados?

Este libro trata de cómo siento, sin duda alguna, que el mundo es como los místicos dijeron que es. Cuenta la historia de un viaje que realicé. Fue un viaje, literal y metafóricamente hablando, en el cual, paso a paso, inexorablemente, llegué a un lugar donde la verdad de cómo son realmente las cosas era innegable. En este lugar, la energía del Universo se alzó a través de mí, y me conmovió como el oleaje del mar mueve a un surfista en su tabla. Puedes luchar contra ello si quieres, y a veces puedes pasar a través de donde rompen las olas para acudir a olas más lejanas, pero siempre va a venir otra ola grande, y tarde o temprano te pillará.

Ésta, es la que me pilló.




Jane


En enero de 1996, el tamaño del universo de Jane estaba definido con precisión. Era de exactamente 4,5 centímetros, y estaba localizado en su útero. Como es de suponer, su mayor temor era que su universo se expandiese. Aparentemente, se estaba expandiendo en sus pechos, sus pulmones, su cerebro, en la médula de sus huesos. No la agradaba saber que cuánto mas se expandiese, más peso perdería ella, igual que un balón de aire. Ahora mismo, en este tumor asimétrico de 4,5 centímetros consistía su universo entero: físico, mental, emocional y espiritual. No tenía capacidad para sentir placer. Lo único que la quedaba, era este centro de oscuridad consciente.

En la luz fría que emanaba el centro de aquel universo, el amor estaba fuera de cuestión, incluso el sexo. Si su universo pedía movimiento, ella iba de doctores a gurús, de curanderos a charlatanes. Ahora, estaba volviendo a su médico. Seis semanas de quimioterapia la habían dejado pálida, sin fuerzas, y sin pelo. Se sentía temblorosa, débil y sola, cuando aparcó su coche en la Clínica de Cáncer de Pasadena.

Las puertas de cristal se abrieron, acogiendo a Jane desde el sol caliente del mediodía a la esterilidad recargada y fluorescente que la recordaba a la luz fría de su propio interior. Qué raro lo pálida que parecía la recepcionista, mirándola y sonriendo débilmente al reconocer a Jane de visitas anteriores. Automáticamente, apagadamente, Jane se dirigió a su puesto habitual en la silla de la esquina, cerca de las revistas, con sus fotos esperanzadoras de casas perfectas y futuros que podrían haber sido suyos, si pudiesen caber en ese universo minúsculo, dentro de ella.

“El doctor la verá ahora.” Otra cara familiar, la enfermera. Mientras la seguía por la serie de cuevas que constituían las habitaciones de examen médico, Jane no podía recordar su nombre. Pero nada más entrar cambiaron la dirección, y, en lugar de la habitación de examen, Jane se encontró en la oficina del doctor, mirando fijamente al escritorio marrón que tenía fichas médicas esparcidas sobre la superficie de cristal. La pared tras el escritorio estaba atestada de títulos, licencias y certificaciones de los centros y autoridades más respetados, como si esto la garantizase hallarse bajo el mejor de los cuidados, lo mejor posible dentro del saber humano, incluso de lo humanamente posible.

La enfermera cerró la puerta tras ella, y Jane esperó el “la verá ahora” que le habían prometido. En tanto tuviera ese universo dentro de sí, ese “ahora” suponía una eternidad, pero ¿cómo podrían saberlo estas personas, estos profesionales de la salud? Su trabajo, Jane lo sabía, consistía en engrasar una maquinaria más grande que ellos mismos. Ella tenía el mudo temor de que esta maquinaria estaba fuera de control, y que les atropellaría -la atropellaría a ella- en cualquier momento.

La puerta se abrió de nuevo, y el doctor Walker entró por detrás de ella, se dirigió a su silla, y, dominando su expresión, se sentó. Malas noticias. Jane lo supo inmediatamente. Ya lo había visto demasiadas veces. La boca del doctor empezó a moverse, pero ningún sonido salió de ella. Jane escuchaba un timbre en el oído, como el ruido de un tren o de una catarata; quizás era el sonido amplificado de su sangre fluyendo por los capilares del oído. Quizás, era el grito de su propia voz......




Epílogo: La Evolución de AIM


Max y yo habíamos trabajado juntos durante varios años y yo había llegado a compartir su pasión incondicional por nuestro trabajo, porque no podía ni imaginarme envuelto en cualquier otra cosa. Él me dejó toda la cuestión de computadoras y programación, lo cual le permitió centrarse en sus investigaciones para desarrollar frecuencias… para nivelar, incrementar la fuerza vital, retardar el envejecimiento, reforzar el sistema inmunitario y, en defínitiva, alcanzar la conciencia más elevada posible. Según sus palabras, le ayudé a “cumplir mi destino de llegar a ser un sabio idiota.”

Trabajamos de sesenta a ochenta horas a la semana, llevando a cabo radicales y extraordinarios cambios en el QED, y aún nos parecía insuficiente. El mantra de Max se convirtió en: “Hemos tenido un buen día. Ahora sólo estamos un poco más atrasados que ayer.”

El problema, era que estábamos atrapados en una pauta alarmante que aumentaba exponencialmente. Algunos desequilibrios predominaban tanto en la población, que resultaba imposible evitarlos. Todos los tenían y, por desgracia, estaban dispuestos y capacitados para compartirlos.

Para Jen, Max, el coro, nuestros animales, las “ratas del laboratorio” (buenos amigos en los que probábamos nuestras nuevas frecuencias), y yo, el problema era insignificante. Nosotros nos limitábamos a analizar diariamente nuestros desequilibrios en el QED, y diariamente los marcábamos.

De vez en cuando, inevitablemente, terminábamos con una lista de desequilibrios de nuestra propiedad a la que Max llamaba “el desfile de famosos”. Contenía todas esas frecuencias prácticamente epidémicas, muchas de las cuales, y a tenor de los análisis, eran o mutaciones, o recombinaciones, o pliomórficos, es decir, difíciles de identificar. A diario, Jennifer marcaba cumplidamente nuestras fotos para los más o menos quince desequilibrios. Y a diario, los eliminábamos.

Tanto era así, que se convirtió en inspiración de un humor algo lóbrego, surrealista, y familiar entre nosotros.

“Acabo de recibir la frecuencia de la TB otra vez. ¿Puedes sentirla tú?”

“Pues claro que puedo. Cómo no voy a notar este hombro tenso. ¿Y vosotros, por ahí?”

“Todavía no…”

“Bueno, espera unos minutos. Ya llegará.”
No nos preocupaba. Jennifer y sus asistentes nos estaban ‘cocinando’ en la placa de “el desfile de famosos.”

Por desgracia, nuestros clientes no compartían una actitud tan descarada y relajada ante este tipo de problemas. Cada vez más a menudo, oíamos, “Cuando estoy en la computadora estoy bien. Pero tan pronto como me quito, me vuelve otra vez.”

No volvía. Eso lo sabíamos, porque podíamos medir el tiempo que duraba. Lo que ocurría era que adquirían la frecuencia de nuevo, otra vez, lo cual no es igual que el que algo se repita. Sin embargo ellos, como es lógico considerando que no contaban con nuestra perspectiva aventajada, no entendían ese matiz.

La lista de personas que respondía al castigo diario de los desequilibrios solicitando análisis y marcaciones diarias de Max iba en aumento. Muchos más, que no se podían permitir el lujo de las evaluaciones diarias, se evaluaban y marcaban dos o tres veces a la semana.

A él le asaltaba una manifiesta frustración ante la casi interminable lista de desequilibrios del desfile de famosos, y, sobre todo, ante la creciente legión de personas que los sufrían.

Un día, meditando sobre los variados temas que Max y yo habíamos estado discutiendo, sentí una repentina lluvia de ideas, y tuve una revelación. De inmediato fui a la oficina de Max, y me senté a hablar con él. Empezando por ofrecer mi pulgar.

“Venga,” le dije, entregándole el lector, “analízame.”

“Ya lo he hecho esta mañana,” dijo él.

“Hazlo ahora otra vez,” insistí.

“¿Tienes alguna molestia específica?” me preguntó.

“Tengo un par de pequeños asuntos que creo que puedes tratar.”

Max recorrió conmigo el proceso de evaluación, y dio con unos pocos desequilibrios energéticos que, según él, no tenía antes.

“Pero no son desequilibrios demasiado serios,” añadió. “Desaparecerían solos sin nivelación energética.”

“Pero con nivelación energética desaparecerán más rápidamente, ¿No es así?”

Reconoció que sí.

Me dirigí a una de las máquinas de marcar, y, tras coger una fotografía mía que estaba por allí, la situé en la placa para los desequilibrios que él acababa de encontrar.

Después, volví a sentarme con Max, y a sacar otra vez el pulgar. “Analízame de nuevo,” le pedí.

“¿Te sientes particularmente paranoico hoy?” preguntó Max.

“Quiero asegurarme de que estoy perfecto,” dije yo. “O, al menos, tan perfecto como sea posible.”

Estaba claro que Max aguardaba a que le explicase qué me proponía, así que, le pregunté,

“¿Es posible que ya haya adquirido un desequilibrio nuevo desde la última evaluación que acabas de hacerme?”

“Claro,” dijo él.

“Quiero tratar mis desequilibrios tan pronto como los adquiera.”

“¿Y quién no querría?”

“Mira, Max, básicamente quiero recibir nivelación energética las veinticuatro horas del día, trescientos sesenta y cinco días al año.”

“En tal caso tendrás que encontrar a alguien que te haga las evaluaciones,” dijo él. “Porque hay otras personas que necesitan mi ayuda.”

“Tengo un plan,” dije yo.

Le expuse minuciosamente la idea que había tenido.

“Según lo veo,” agregué, “uno de los problemas que tenemos con las nivelaciones energéticas es que es complicado y caro entregar las energías equilibrantes. Por esa razón, entre otras, sólo es factible entregar cada vez un número limitado de energías niveladoras. Desde luego, y considerando que es imperativo hacer las correspondientes evaluaciones energéticas para encontrar exactamente qué energías necesita una persona en un momento determinado, sólo podemos entregar un número limitado de energías equilibrantes cada vez.”

“Esa es más o menos la cuestión,” dijo Max, de acuerdo conmigo.

“¿Y si construyéramos una máquina que pudiese entregar todas las energías equilibrantes para todos los desequilibrios conocidos?” pregunté.

“¿Qué te hace pensar que yo no lo he considerado ya?” objetó Max impaciente. “Hay motivos por los que no se puede hacer. En primer lugar, no podemos meter todos los desequilibrios en una computadora marcadora.”

“Entonces usa dos computadoras, tres... cinco,” respondí. ¿A quién le importa cuántas máquinas hacen falta?”

“Está bien,” respondió. “En segundo lugar, nuestros ajustes de poder no pueden sostener tantos desequilibrios. Pero, ya sé. Tú cambiarás los ajustes de poder. ¿Verdad?”

“Por supuesto.”

“Okey. Vamos a dejarnos de rodeos. Si cualquier persona es marcada con miles de frecuencias a la vez, el efecto neto de cada frecuencia marcada sería insignificante. Es más información de la que la conciencia puede procesar.”
“Eso es fácil, Max,” respondí yo. “Consigue una piedra Rosetta.”

“¿De qué demonios estás hablando?”

“Tú haz lo que se te da mejor, Max, y lo que sólo tú puedes hacer. Encuentra una frecuencia que le haga posible a cada persona -a través de su foto- seleccionar únicamente las frecuencias apropiadas, e ignorar todas las demás. Igual que la piedra Rosetta proporcionó la clave para traducir los jeroglíficos egipcios, esta frecuencia o combinación de frecuencias le daría la clave a la conciencia superior para seleccionar, entre las miles de energías que recibe, las adecuadas.”

Max me echó una mirada llena de curiosidad. “Estás proponiendo una interacción orgánica entre la inteligencia artificial y el buen gusto, ¿no es cierto? ¿Niels Bohr conoce a Charlie el atún?”

“¡Exactamente!” contesté. “El mensaje energético: A cada uno, según su desequilibrio. Piénsalo. En primer lugar, significaría que, dado que la finalidad principal de la evaluación es determinar exactamente qué energías se precisan, ya no sería necesario hacer evaluaciones energéticas. En segundo lugar, sería como recibir una evaluación energética muchas veces al día. Un número infinito de veces, en cierto modo.”

Me miró, y me dijo, “Felicidades. Ya eres un científico cuántico. Ahora nadie entenderá una palabra de lo que hablas.”

Ese no fue más que el primer paso de posteriores meses de intentos fallidos, mediciones y experimentos…siempre en nosotros mismos, porque, no sin una cierta tristeza, nos pusimos de acuerdo en abandonar nuestras placas personales, para depositar nuestra confianza en AIM, que significaba ‘método de inclusión total’ -All Inclusive Method-. Pero lo redujimos a AIM, que en inglés se traduce como apuntar, porque, realmente, tenía mucho que ver con apuntar a nuestros desequilibrios, enfocando nuestra conciencia a la eliminación de los disturbios de la matriz energética. Fabricamos equipo nuevo, diseñado con el exclusivo propósito de entregar las energías de AIM con la mayor eficiencia posible. A este nuevo equipo se le bautizó con el nombre de “QID,” de Quantum-Consciousness Imprinting Device, o instrumento marcador de la conciencia cuántica.

Cada pocos días, Max cambiaba la Frecuencia Rosetta, la ponía en el QID, y reclamaba “más vírgenes”, término que utilizaba para los sujetos que nunca habían recibido nivelación energética. Nuestras secretarias telefoneaban frenéticamente a sus amigos y familiares, pidiendo permiso para usar, para AIM, sus fotografías y las de sus animales.

Seguíamos de cerca y diariamente el progreso energético de nuestros cuatro grupos testados:

1. IVs- Vírgenes informados, a los que se les informaba sobre la naturaleza de sus desequilibrios energéticos.

2. UVs- Vírgenes sin informar, a los que, obviamente, no se les informaba.

3. CGVs- Vírgenes del Grupo de Control, que habían sido evaluados sólo por elegibilidad, y eran analizados a diario, pero únicamente en los niveles de la frecuencia de su fuerza vital y su conciencia.

4. US- que éramos Max, Jennifer, el coro y yo.

Lo que encontramos, para nuestra satisfacción, fue esto: Sumando la Frecuencia Rosetta, podíamos suministrar simultáneamente una cantidad prácticamente ilimitada de energías equilibrantes, y el participante, la persona que recibía AIM, alcanzaba el equilibrio energético sin que fuese necesario saber de qué desequilibrios se estaba desintoxicando.

Mientras Max continuó mejorando la eficacia de la Frecuencia Rosetta y aplicando los otros cambios que AIM requería, empezamos a notar algunos cambios extraordinarios.

Para empezar, todos y cada uno de nosotros experimentamos un significativo y evaluable incremento en los niveles de las frecuencias de nuestra fuerza vital, conciencia, y resistencia inmunitaria.

Max atribuyó esto a, “Cuanto más tiempo pasas resistiendo un desequilibrio, más fuerza vital utilizas para ese propósito. Si tratas la frecuencia de un desequilibrio en el momento de adquirirla, necesitas muy poco tiempo para eliminarla, y, por lo tanto, el remanente de fuerza vital que queda para los verdaderos objetivos de tu existencia, es mayor.”

“¿Los cuales son…?”

“Alcanzar tu conciencia más elevada y tu fuerza vital más alta. Minimizar la disociación entre el Universo y tú. Y para hacer esto, tienes que disponer de energía. De lo contrario es como intentar correr un maratón arrastrando una bola de bolos. Tal vez no sea inconcebible que lo acabes, pero tu marca sólo va a impresionar a los jugadores de bolos.”

El segundo efecto de AIM era, a juicio de Max, incluso más revelador aún y, a nuestro juicio, mucho menos placentero…y todos, incluyendo a Max, teníamos que pasar por ello. Lo denominamos “Desintox. Energética”.

Cada uno de nosotros teníamos profundos y ocultos desequilibrios, invariablemente hereditarios, que Max no había encontrado con el Método de la Evaluación (al que ya llamábamos la “manera antigua”). Sabíamos que los teníamos, porque incluso cuando Max no los había localizado, AIM y la Frecuencia Rosetta los encontraban inexorablemente. Llegó el momento en que esos desequilibrios base, como Max se refería a ellos, empezaron a salir a la superficie de cada uno, y sufrimos la desintoxicación consecuente, algunos con más dignidad que otros.

Durante varias semanas, los brazos y piernas de Max se cubrieron de un urticante sarpullido, y resultaba molesto hablar con él mientras no paraba de rascarse, en especial porque yo, por mi parte, estaba en un constante estado de mal humor e irritación gracias a que la frecuencia del desequilibrio hereditario del hígado estaba saliendo fuera.

Jennifer, una notable atleta, apenas podía sentarse y levantarse de su silla para eliminar la frecuencia hereditaria de la esclerosis múltiple.

“¿Por qué no podrá quedarse el dolor sólo en mi fotografía?” se quejaba ella.

“¿Y cómo sabes que la foto no siente dolor?” preguntó Max. “Probablemente es que estás demasiado desligada de tu conciencia cuántica para percibirlo.” Y entonces se acercó a la placa de AIM, y empezó a rascar su propia foto.

Jennifer salió de la habitación fastidiada, y a cámara lenta.

“Lo que todos pretendemos,” dijo Max, “incluyéndome a mí, “es que todo resulte fácil. Queremos que nuestros desequilibrios sean suprimidos sin sentir la experiencia. Para bien o para mal, la cosa no funciona así. No puedes tener conciencia de algo y al mismo tiempo mantenerte inconsciente de ello.”

Para cada uno de los que en ese instante aceptábamos a regañadientes lo inevitable de nuestro proceso de desintoxicación energética, su observación representaba un consuelo más bien pobre.

Lo que sí nos parecía interesante, es que, en tanto nosotros nos quejábamos de nuestra desintoxicación, otros que también se estaban desintoxicando apenas sí sentían algo. A la fuerza terminaron formándose tres grupos distintos. Max llamó a uno de éstos “los insensibles.” Los insensibles no sentían nada, ni la desintox., ni la luna de miel; nada bueno, nada malo. Max dijo que les había puesto ese apodo para vengarse, ya que él pertenecía al segundo grupo, en el que también estábamos Jennifer y yo, el grupo que los insensibles llamaban “los quejicas.”

“La ventaja de ser un insensible es obvia,” me dijo Max. “Recibes las mejorías energéticas, sin el drama de la desintoxicación. Ya podíamos tener todos esa suerte.”

Yo protesté, dándole la razón. Max se echó a reír.

El grupo tercero lo constituía un subgrupo de los insensibles. A estos Max los llamaba los “dudosos.” Terry era una dudosa. Aparecía en la puerta de Max pulgar en ristre, quejándose de que, habiendo estado varios meses en AIM, no había sentido nada.

Max se sentó con ella y realizó una Evaluación Energética. Enseguida pudo apreciarse que el nivel de su fuerza vital estaba subiendo y sus desequilibrios hereditarios desapareciendo, aún cuando ella no lo notase.

“Mi problema es que soy de Missouri,” dijo ella. “Si no siento nada, me cuesta mucho creer que está pasando algo.”

“Algunas personas,” dijo Max, “necesitan dramatizar más que otras. ¿No dijo alguien que si tuvieses tanta fe como una semilla de mostaza, podrías mover montañas?”

“¿Y eso qué relación tiene con la nivelación energética?” preguntó Terry.

“Has dicho que necesitas sentir algo para quedar satisfecha con la experiencia de AIM,” respondió Max. “Algo como ver alguna señal.”

“Correcto,” asintió ella.

“Bien. Enséñame tu pulgar otra vez,” dijo Max.

Terry, ofreciendo el pulgar, cogió el lector, pero Max movió negativamente la cabeza.

“Ponlo en la mesa,” la pidió.

Siguiendo fielmente sus instrucciones, Terry puso su dígito sobre la mesa.

Entonces él abrió el cajón de su mesa, y sacó un martillo.

“Si necesitas reconocer alguna clase de cociente de dolor, golpéate el pulgar con esto,” dijo Max muy serio, entregándola el martillo.

Cuando más tarde me contó lo de esta reunión, Max tenía sus justificaciones.

“En cualquier caso,”me dijo “sabes que tienes que experimentar estos desequilibrios, y como de una forma u otra tarde o temprano van a salir, los quieres eliminados ya mismo.”

La “otra” forma de la que Max hablaba consistía en lo siguiente: Los desequilibrios energéticos impedían que la fuerza vital fluyera y se expresara. A cada uno nos suponía una constante pérdida de fuerza vital pelear contra nuestros desequilibrios activos y hereditarios. La pauta normal, era que agotáramos nuestra energía en esta batalla. Y, al envejecer y debilitarnos, cuando ya no disponemos de la fuerza energética para poder reprimir la manifestación de nuestros desequilibrios hereditarios, éstos se convierten en desequilibrios activos, que se manifiestan en su máximo potencial.

“Yo creo que esta conversión de los desequilibrios hereditarios al estado de activos, es una de las principales causas del envejecimiento” dijo Max. “Y la pérdida de fuerza vital que experimentamos como resultado de la lucha contra esos desequilibrios a nivel hereditario, no hace sino acelerar el proceso de la vejez y empujarnos más rápidamente al día en el que perdemos la batalla contra esos desequilibrios.”

Fínalmente, pasados más o menos unos seis meses, la fase primaria de nuestra desintoxicación concluyó. A Max ya no le picaba nada, mis enfados se apaciguaron y Jennifer superó sus propias cotas de ejecución atlética. Y, en cada cual, tanto la fuerza vital como los niveles de conciencia, dieron un salto cuántico hacia los niveles más altos de nuestras vidas. Algunas personas aseguraron que, comparado con cómo se encontraban al terminar la fase primaria de la desintoxicación energética, lo que solían considerar “sentirse bien” casi se parecía a estar enfermo. Por supuesto, debíamos volver a tratar episodios periódicos de desintoxicación energética cuando Max encontraba un desequilibrio antes desconocido y añadía su energía niveladora a AIM.

Muy pronto aprendimos que, cada persona que adquiría ese nuevo desequilibrio, empezaba a desintoxicarlo. Si el desequilibrio era lo bastante fuerte, cabía la posibilidad de que la desintoxicación fuese incómoda. Había veces en que esto se nos hacía desconsolador, pero no había quien dudara que la incomodidad temporal era un precio pequeño a pagar para alcanzar la meta que compartíamos: librarse de cada desequilibrio tan pronto como fuera posible.

Max nos recordó que lo de menos era lo incómodo que fuera desintoxicarse de un desequilibrio hereditario, ya que esa molestia no era más que una sombra si la comparábamos con el daño que podía causar si el desequilibrio realizase de lleno su potencial.

Desde entonces, Max advirtió que tal vez nunca descubramos todos los beneficios de AIM. “Tan pronto como encontramos la frecuencia que incrementa la medida de la fuerza vital, de la conciencia, o de la resistencia inmunitaria; o disminuye la medida del envejecimiento, de la vulnerabilidad, de los metales pesados, o de los parásitos,” dijo, “se incorpora a AIM, y, si lo necesitas, si te beneficia, lo seleccionarás tanto tiempo como haga falta. Si tu conciencia la incita a cambiar, la frecuencia energéticamente marcada de tu universo habrá cambiado.”

A cada uno, según su desequilibrio.




Epílogo - Parte II: Hasta el día de hoy


Un día, casi unos dos años después de la evolución de AIM, Max y yo estábamos en su oficina debatiendo sobre una de las preguntas más típicas que se planteaban las personas con las que compartíamos las prácticas de EMC², la Celebración de la Conciencia de la Matriz Energética, que habíamos fundado para abastecer la Nivelación Energética en el contexto espiritual que su propia índole demanda.

“¿Por qué muchos de los desequilibrios energéticos tienen nombres iguales o parecidos a muchas enfermedades?” le pregunté a Max, en nombre de estas personas.

Max sonrió. “Todo es energía, claro está. Hasta las enfermedades. Pero en nuestro caso, y como ya sabes, nosotros no tratamos la enfermedad. Eso entra en el campo de los médicos. Nosotros nos ocupamos de la energía y del espíritu, que es lo mismo que decir de la Conciencia. Como también sabes, medimos desequilibrios energéticos, que son, por definición, espirituales, lo que significa que existen en la Conciencia. Esa es la base de nuestra Tecnología Espiritual. Y, si lo llamamos Tecnología Espiritual, es porque trata del espíritu, que a su vez es Conciencia con C mayúscula. Si un desequilibrio energético que hemos identificado como la frecuencia del VIH, o del cáncer, existe en la conciencia de alguien, creemos que representa un disturbio en su armonía energética. Además, pensamos que tiene un efecto negativo sobre su bienestar general. Evidentemente, no tenemos los medios para identificar o tratar enfermedades. De hecho, ni si quiera es pertinente que los tengamos porque las enfermedades son asuntos que debe atender entre cada persona y su facultativo cualificado para eso.

Por otra parte, si encontramos en tu conciencia una frecuencia que creemos es la resonancia consciente o la esencia espiritual asociada a lo que es mejor llamar ‘una entidad de enfermedad’, lo que hacemos es ayudarte a eliminarla facilitándote la herramienta correcta. Por eso, cuando me preguntan si tienen una enfermedad, yo les digo que no tengo ni idea. Y, si me preguntan si deberían seguir tomando sus medicinas, yo les contesto, ‘¿Cómo voy a saberlo? Pregúntale a tu médico.’ Con todo, creo sinceramente -y esto es fundamental en las creencias de EMC², que si alguien tiene un desequilibrio energético en su conciencia y este desequilibrio ha sido identificado como una frecuencia energética con nombre de enfermedad, esto va a afectar a su bienestar y a su fuerza vital tal y como la medimos, esto es, en unidades de conciencia. Y cualquier cosa que reduzca la fuerza vital reduce también la capacidad de una persona para alcanzar la meta espiritual de alta conciencia.”

“O cualquier otra meta,” agregué yo.

Max señaló a la docena de fotos que había sobre su mesa. “Me gustaría que vieses los resultados de tu revelación.”

“¿Mi revelación?”

“Sí. Te dije que dudaba que la Frecuencia Rosetta fuera algo factible, pero tú estabas obsesionado con ello, hasta soñabas con ello… y llegabas a mostrarte inflexible. Sé algo sobre revelaciones, y ante una seguridad tan absoluta y considerando mis experiencias y valores, compartiese o no esa visión no me quedaba más opción que la de asumir que la fuente de tu certidumbre procedía de algo superior a tí. Perseveré porque me di cuenta de que era algo que sabías. Y ahora sabemos que tenías razón, que tenía razón. Fue revelado a tí, y la consecuencia es que el Programa AIM es una realidad. Deja que te muestre lo que creo que va a significar esto.”

Max me dió el lector del QED, y yo, en lo que ya era una respuesta Pavloviana, ofrecí mi pulgar.

Él analizó cada foto, y cada una dio positivo en tres desequilibrios energéticos, expresados en unidades de conciencia en el Índice Cuántico, la escala que se le reveló a Max hacía años.

“¿Qué son esos tres desequilibrios?” pregunté.

“Lo cierto,” respondió Max, “es que componen un solo desequilibrio.”

“¿Cómo es eso posible?”

“Porque son recombinantes,” dijo él. “Sabes lo que significa eso, ¿no?”

“Bueno, recombinados, está claro, pero…”

“Planteémoslo así,” continuó Max. “Tienes unos peces de colores y un perrito faldero. Cuando sales de casa, nunca te preocupas de que vayan a aparearse presentándose con un pez faldero y un perro de colores. En la naturaleza, no es una amenaza a considerar. Pues lo que tenemos aquí son peces falderos y perros de colores, que en la naturaleza son como los dientes de gallina. En otras palabras, que no tienen cabida en ella.”

“¿No te parece que estás siendo un poco críptico?” le pregunté.

Él se rió, y dijo, “Posiblemente. Este primer desequilibrio energético es uno que identificamos con la frecuencia energética (que no la enfermedad) que llamamos VIH, pero en el Índice Cuántico está muy fuera de su margen normal. De hecho, tiene propiedades que lo convierten en un desequilibrio energético aerotransportado.”

“¡Espera!” le corté. “¿Un desequilibrio energético aerotransportado? ¿Qué quieres decir con eso?”

“Los desequilibrios energéticos tienen varias maneras de moverse, y muchas de ellas son similares a las formas en que se mueven las enfermedades. A veces se contraen de la manera normal y corriente: hereditariamente.”

“Como los desequilibrios kármicos,” añadí yo.

“Las cuestiones kármicas son más sutiles que los desequilibrios que estamos discutiendo,” respondió Max. “Hablamos de desequilibrios base, que, aunque por supuesto pueden tener conexión con el karma, a menudo son solamente circunstanciales. Pero, incluso en el caso de que sean circunstanciales, todavía tienes que tratarlos.”

“¿Entonces los desequilibrios aerotransportados son circunstanciales?” quise saber.

“Es que me has interrumpido,” dijo Max, pacientemente. “Como iba diciendo, sumados a la adquisición de los desequilibrios hereditarios, también pueden estar presentes en el entorno, lo que quiere decir que están en las personas, en los animales, en el agua, en la comida, en el aire: en todo lo que te rodea.”

“Pero yo creía que los desequilibrios energéticos existían en la Conciencia,” apunté yo.

“Todo es energía, y todo es consciente,” me dijo Max. “La mayoría, si no todas las grandes tradiciones espirituales, dicen que Dios está en todas las cosas, ¿y qué es Dios, sino Conciencia?”

Asentí y señalé a la pantalla del QED. “Así que, tras la frecuencia de VIH, ¿Cuáles son las otras?”

“La segunda tiene la frecuencia energética de un desequilibrio hepático específico (de nuevo, y como siempre, no la enfermedad), que también es capaz de aerotransportarse. La tercera es una frecuencia totalmente inofensiva que en el Índice Cuántico sale en la gama que llamamos ‘viral’. Cuando usamos el QED para revelar sus efectos en la matriz energética de la persona, encontramos que la zona afectada es la energía u ‘órbita’ de la piel, o, más exactamente, la porción de la matriz energética que consideramos la causante en la Conciencia manifestada como la piel. Pero, además, esta frecuencia tiene una propiedad extraordinaria,”

Max puso su mano sobre la mía, luego la quitó, y dijo, “Es un desequilibrio tan transferible que, si yo lo tengo, ahora lo tienes tú.”

“Pero si es inofensivo…”

“Es inofensivo, pero no existe aislado. Está recombinado con los otros dos desequilibrios, que son energéticamente de todo menos inofensivos. De hecho, estimo que, en un año o dos, todo el país tendrá estos tres desequilibrios, porque son recombinantes, y existen como si fueran un equipo.”

“¿Y eso qué significa?” le pregunté.

Max indagó de nuevo con el lector, y todas las fotos mostraron la frecuencia de “desequilibrio de deficiencia inmunitaria.”

“Déjame explicarte el significado de ‘desequilibrio de deficiencia inmunitaria,’” dijo Max. “Todos nacemos ya con una especie de esquema de nuestro desastre energético personal. A este esquema, lo llamamos ‘desequilibrios hereditarios.’ Tienes que entender que, en todos, si viven lo bastante, cualquier desequilibrio hereditario se convertirá en activo.” Dudó. “En otras palabras, cuando uno se vuelve más viejo y débil, su la habilidad energética –o, en otras palabras, el sistema energético inmunitario- se debilita proporcionalmente. Tarde o temprano se debilita lo suficiente, y es entonces cuando tu esquema de desastre, los desequilibrios hereditarios, empiezan a crecer y a manifestarse en ti. Eso puede no ser muy malo si los desequilibrios hereditarios de alguien se vuelven activos cuando tiene ciento diez años.”

“A menos que albergases la esperanza de vivir una robusta edad avanzada,” respondí yo.

“Para la mayoría de la gente,” dijo Max, “eso sería bastante bueno. ¿Pero no has notado que las personas están empezando a funcionar mal a edades cada vez más tempranas?”

“No es nada raro leerlo en muchos sitios. Niños con cáncer, esa clase de cosas.”

“Está claro que no hablo de enfermedades,” dijo Max, “estoy hablando exclusivamente de energía. Pero lo que yo estoy viendo es que a la gente le está ocurriendo algo que provoca que sus sistemas energéticos inmunitarios se vean comprometidos a una edad cronológica relativamente joven. Eso quiere decir que, de repente, envejecen biológicamente. Y, debido a la debilidad que esto implica, sus desequilibrios hereditarios empiezan a manifestarse.”

“Pero nosotros no tenemos ningún desequilibrio hereditario que se vuelva activo, ¿no?” pregunté.

“Eso es nosotros,” dijo Max, “porque estamos en AIM.” Y señaló las fotos que acabábamos de evaluar. “Pero ellos no.”

“Todavía,” puntualicé yo.

“Si tienes un desequilibrio de deficiencia inmunitaria, todos los desequilibrios hereditarios se activarán en un año aproximadamente, no importa la edad cronológica que tengas.” Max cogió una foto de un niño pequeño, y la colocó en la placa. “Por eso él tiene ahora la frecuencia de malignidad activa, y el nivel de fuerza vital de setenta y uno. Una fuerza vital tan baja siempre indica la presencia de una frecuencia de malignidad activa. Y la fuerza vital baja se está convirtiendo en algo cada vez más común. Algo llamativo que revela el QED, es que la fuerza vital no desciende de un modo lineal. Pasa de alrededor de setenta a sesenta y algo y de ahí directamente a cuarenta. Se salta por completo los cincuenta. Y, si bajas de cuarenta, ya no eres elegible.”

“Ser inelegible no supone que la Nivelación Energética no vaya a funcionar,” señalé yo. “Hemos tenido bastantes inelegibles cuya fuerza vital se ha elevado de golpe meses después de participar en el Programa AIM.”

“Correcto,” dijo Max. “La inelegibilidad sólo significa que no confiamos en que la persona tenga suficiente poder personal para influir en su propio equilibrio energético, incluso con el impulso añadido por el Programa AIM. Quizás deberíamos usar la expresión ‘fuerza vital baja’ como una forma de notificación. Aún así, cuando empezamos al principio el Programa AIM, se encontraba en esta categoría menos de medio punto del porcentaje. Ahora es casi el cinco por ciento.”

“¡Es increíble!”

El semblante de Max permanecía serio. “Alrededor del diez por ciento de la gente que se ha unido a AIM últimamente tiene una fuerza vital de unos cuarenta.”

Yo me quede sin habla. “Están en el filo.”

Max asintió. “Y la mayoría de ellos lo sabe. La buena noticia es que ahora, gracias a AIM, podemos proveer Nivelación Energética a millones de personas, en lugar de sólo a miles.”

“Pero estos desequilibrios energéticos recombinantes sólo existen en su conciencia, ¿No es cierto?” pregunté.

“Absolutamente correcto,” dijo Max. “No obstante me parece interesante que, no existiendo en la conciencia de nadie hasta hace poco tiempo, este desequilibrio recombinante existirá pronto en la conciencia de todos. No he visto nada igual antes. Asumo que están utilizando alguna clase de tecnología de comunicaciones de alta velocidad.”

“El Programa AIM ha aparecido justo a tiempo,” dije yo.

“Según mi experiencia,”respondió Max,“las revelaciones, lo mismo que los milagros, ocurren cuando son necesarios. Es una de las pruebas más claras de que la vida es un proceso espiritual. Ahora sabemos por qué fue necesaria tu revelación… y por qué la defendías de modo tan inflexible… y por qué subsistió. Más coincidencias. Esperemos ser más rápidos que lo otro.”

“¿Hasta qué punto está extendido este desequilibrio?” pregunté yo.

“Llegó porque alguien lo construyó,” dijo Max. “En la actualidad, sobre el noventa y ocho por ciento de los que reciben una Evaluación Energética manifiestan la frecuencia de un desequilibrio energético de deficiencia inmunitaria activo en su Conciencia. Por consiguiente, mas del ochenta y cuatro por ciento tiene la frecuencia de malignidad, no sólo hereditaria, sino activa, según la medición en unidades de conciencia, e independientemente de su edad cronológica.”


* * *

Al principio, cuando conocí a Max, realizaba evaluaciones completas, muy detalladas de hecho en todos los clientes. Evidentemente cada cliente requería una computadora, o gotas energéticamente cargadas. Con el Programa AIM, dejaron de hacer falta las computadoras individuales y las gotas. Con todo, a medida que el número de solicitantes para la Nivelación Energética aumentaba y aumentó sin parar, resultaba más difícil, logísticamente hablando, procurar evaluaciones. Max y el coro substituyeron las evaluaciones enteras por mini-evaluaciones, y el número de solicitudes siguió creciendo. Incluso las mini-evaluaciones absorbían demasiado tiempo, con lo cual, Max y el coro empezaron a hacer evaluaciones de la fuerza vital únicamente. Y aún así, el número de personas que pedía la Nivelación Energética continuó incrementándose.

“Al fínal,” dijo Max, “habrá tanta gente que no quedará tiempo ni para las evaluaciones de la fuerza vital.”

“¿Qué les diremos cuando quieran saber qué desequilibrios tienen?” le pregunté.

“Cada persona recibe el mismo Programa AIM, independientemente de los desequilibrios que se encuentren,” contestó Max. “Hemos visto una y otra vez que, tanto si conoces como si desconoces sus nombres, desintoxicas tus desequilibrios a la misma velocidad. Y los nombres carecen de sentido, de todas maneras.”

“A las enfermedades reales se les pone el nombre de la persona que las identificó primero,” dije.

“Pues con los desequilibrios energéticos he puesto esa tradición patas arriba,” dijo Max. “Cuando un desequilibrio antes desconocido se nos revela, le pongo el nombre de la persona en la que lo hemos encontrado. Pero los nombres son inútiles como ayuda para la desintoxicación energética, y puesto que no divulgamos públicamente los nombres de los participantes en el Programa AIM, no es apropiado decirlos.”

Yo murmuré otra vez algo sobre la gente “que querría saberlo.”

“¿Qué significaría eso para las personas que están en AIM?” planteó Max , retóricamente. “Nada. Excepto que su curiosidad no quedaría satisfecha. A mi modo de ver, la decisión es obvia. No tenemos alternativa, salvo ayudar al máximo número de personas, incluso si esto implica no poder discutir lo específico en los desequilibrios del individuo. Recuerda, un desequilibrio ya no se suprime como consecuencia de que yo lo haya encontrado. Se elimina porque tú seleccionas con precisión las frecuencias equilibrantes que corresponden a cada uno de tus desequilibrios.”

Fue inevitable que algunos estuvieran descontentos con esto, y optaran por no participar en el Programa AIM. Max dijo, (y yo estoy de acuerdo), “Sigue estando claro. Nuestra elección es la de ayudar a tantas personas como sea posible. Especialmente cuando consideramos las clases de desequilibrios energéticos que prevalecen hoy en día en el mundo. Si unos pocos se niegan a jugar porque no pueden recibir toda la atención que desean, lamentamos su ausencia, pero por el hecho de que unos cuantos quieran más atención no podemos arriesgar la habilidad de todos los demás para recibir Nivelación Energética.”


* * *

“Tengo una pregunta.” El doctor Michaels era un cirujano que llevaba casi un año participando en el Programa AIM junto al resto de su familia. Había venido a EMC² buscando ver personalmente las placas de AIM.

“Pregunta,” dijo Max.

“Me considero un aficionado a los aparatos energéticos,” dijo el doctor Michaels. “De hecho, tengo una pequeña colección de estos instrumentos, fabricados alrededor de los últimos cincuenta años.”

“Yo también he tenido en mi poder un buen número de ellos,” señaló Max.

“Bueno,”continuó el doctor Michaels, “me he estado preguntando por qué dices que el QED y el QID no son instrumentos médicos, sobre todo cuando los instrumentos de años anteriores son instrumentos médicos.”

“En realidad,”dijo Max, “históricamente hablando, por consenso general se afirma que los instrumentos energéticos no son instrumentos médicos.”

“¿Y qué hay de Rife y Voll y otros como ellos?” insistió el doctor Michaels.

Max sonrió. “Sus instrumentos fueron declarados oficialmente inútiles para propósitos médicos por la comunidad médica, y francamente, estamos de acuerdo con ellos. Para nosotros, estos instrumentos siempre han sido de naturaleza espiritual, incluso cuando eran primitivos comparados con la sofisticación y los avances que hemos alcanzado ahora. Creemos que los experimentos anteriores, con los instrumentos energéticos de aquel entonces, estaban equivocados, porque confundieron la medicina con la sanación. Tal vez no pudo evitarse, ya que muchos de los experimentadores procedían del mundo médico.”

“Tú mismo tienes un origen médico,” apuntó el doctor Michaels.

“Lo he transcendido,” dijo Max. “Y he transcendido sus limitaciones. Estaba interesado en las cuestiones médicas porque estoy interesado en curar, pero ahora sé que la conciencia y la espiritualidad son inseparables, aunque no se pueda decir lo mismo de la medicina y la curación, y ciertamente no sea verdad hablando de medicina y espiritualidad.

En mi opinión, todos los problemas humanos -mentales, emocionales y físicos- así como esos aspectos de tu propia vida que a primera vista no parecen estar ‘conectados’ a ti mismo, son realmente espirituales en su esencia. Y es esa esencia la que trata el trabajo de EMC². La llamamos la ‘Matriz Energética.’”

“Pero, ¿cómo transmutaste lo que empezó siendo un interés médico en lo que terminó como un camino espiritual?” preguntó el doctor Michaels.

“La exploración comenzó en la medicina,” dijo Max, “pero el camino era siempre espiritual, y me condujo fuera de las ciencias médicas. Con respecto a cómo ocurrió, déjame preguntarte algo: Si un científico tiene una visión, o un pensamiento sobre Dios, ¿esa visión o pensamiento son científicos, o espirituales? Y si hay una ecuación involucrada, ¿Consideras que eso elimina la posibilidad de espiritualidad? Si un místico recibe una ecuación a través de una visión, ¿es esa ecuación científica o espiritual? ¿El uso de la tecnología determina que algo es científico? Si un santo ofrece una bendición por teléfono, o por la vía de la televisión, en un libro o en una revista, ¿sigue siendo la bendición espiritual? ¿O se ha convertido en un artefacto de la tecnología o de la ciencia que produjo esa tecnología?”

“Supongo que entiendo lo que quieres decir,” reconoció el doctor Michaels. “Puede utilizarse tecnología para fines espirituales, sin que por ello dejen de ser espirituales.”

“Exactamente,” dijo Max. “Y, en nuestro caso, la tecnología y la espiritualidad se han unido. Cuando empecé a trabajar con varias clases de instrumentos energéticos creados hace tiempo, tuve la impresión de que existía un potencial que no había sido alcanzado. Así que, empecé a construir mis propios instrumentos, intensa e incesantemente. Pero incluso estos eran limitados. Hasta que llegó la revelación clave que transformó el equipo y los datos en la Tecnología Espiritual en la que se ha convertido. Hasta entonces, los instrumentos antiguos no bastaban. Hacía falta esa revelación espiritual para materializar la visión que tuve.”

“Entonces, ¿las tecnologías energéticas anteriores no funcionan?” preguntó el doctor Michaels.

“¿Acaso podemos afirmar que los instrumentos anteriores no ayudaron? Claro que no,” respondió Max. “Lo mismo que un modelo de coche antiguo ‘T’ de Ford, los instrumentos anteriores todavía prestan un servicio básico, pero, al igual que el ‘Modelo T’, ya están obsoletos. Las tecnologías precedentes no pueden realizar lo que ahora es posible con el Programa AIM.”

“Dijiste que el Programa AIM actúa en el karma,” dijo el doctor Michaels. “¿No te preocupa estar metiéndote en algo en lo que tal vez no deberías meterte? ¿Algo que se supone que cada individuo debe arreglar por sí mismo?”

“Me han preguntado eso mismo muchas veces,” dijo Max. “Tengo que aclarar que, ayudar a las personas a tratar su karma, es una de las tareas primarias de las tradiciones espirituales. Y este trabajo es una continuación de esa misma práctica que desde la antigüedad ha sido respetada. Y permíteme hacerte una pregunta: ¿Y si muchas vidas pasadas atrás pactaste contigo mismo que este camino sería el que escogerías para remover el karma que ha estado contigo encarnación tras encarnación? ¿Eso no convertiría este trabajo en parte de la realización de tu destino? Además, ¿el hecho de que hayas elegido participar en la Nivelación Energética, no pone la responsabilidad de tu karma sobre tus propios hombros?”

“No había pensado en ello de esa forma,” dijo el doctor Michaels.

“Nosotros siempre les decimos a las personas que busquen su verdad interior, su certeza interior, acerca de las prácticas energéticas de EMC²” le dijo Max. “Cada cual debe preguntarse a sí mismo si participar en esto obedece a su interés más elevado y repercute en su mayor beneficio.”


* * *

“Unas semanas después de la Navidad de 1999,” dijo Max, “el QED comenzó a revelar información sobre frecuencias llamadas ‘prión.’ Por lo que empecé a hacer reevaluaciones de personas con desequilibrios energéticos persistentes. Y esto es lo que encontré.” Señaló una página que contenía una lista de más de una docena de desequilibrios nuevos, todos dentro de la gama de priones en el Índice Cuántico. “Cada uno de estos,” dijo, “fue encontrado como un desequilibrio hereditario.”

“Siempre has dicho que ‘siempre hay más,’” reconocí yo.

Desde entonces, Max ha encontrado uno o dos nuevos desequilibrios priones a la semana, casi siempre a nivel hereditario. Desde luego, tan pronto como se revela el desequilibrio, su energía equilibrante se incorpora al Programa AIM. La consecuencia inmediata fue que los teléfonos empezaron a sonar sin cesar. Cuando estos desequilibrios hereditarios priones salían a la superficie, cualquiera que tuviese uno nos llamaba quejándose de las molestias que sentían. De hecho, las frecuencias de priones hereditarias resultaron ser más dramáticas de lo normal al salir a la superficie de la conciencia como parte del proceso de Nivelación Energética.

Finalmente, en la primavera del año 2000, las revelaciones de desequilibrios priones nuevos empezaron a disminuir. Y, una vez todos acabaron la desintoxicación de los desequilibrios priones, sucedió algo asombroso. Max siempre pensó que ninguno de nosotros alcanzaría la fuerza vital de cien. La mayoría, habíamos alcanzado la fuerza vital de noventa y nueve, y ahí nos quedamos, con la excepción de su querido gato, Intrépido Fosdick, que disfrutaba de una fuerza vital constante de cien. Esta fuerza vital tan alta era la razón por la que Max decía sospechar que su gato era un alien, enviado a la Tierra para cuidarle. Sin embargo ahora, mientras estos desequilibrios priones hereditarios concluían su desintoxicación energética, más y más gente se unía a Fozzy, alcanzando el nivel de fuerza vital de cien.

Había algunos en los que, pese a alcanzar una fuerza vital de cien, persistían las molestias. Max dio a esto la siguiente explicación: “Los desequilibrios energéticos no son enfermedades. La Nivelación Energética no es medicina. Pero, no obstante, desde el momento en que ambas están relacionadas con la vida, tienen algunos puntos en común. Como ya sabéis, se dan en medicina algunas enfermedades que no provocan ningún dolor, da igual lo severo que sea el caso. Ese es el motivo de que algunas personas tengan ataques cardiacos y apoplejías, y mueran tranquilamente mientras duermen. En el otro extremo de la escala, el dolor de la artritis -o peor aún, un dolor de muelas- puede llegar a ser increíble, aunque generalmente no son potencialmente letales. De hecho, quizás tu fuerza vital esté perfecta y al mismo tiempo estés sufriendo un gran dolor. Por ejemplo, médicamente hablando, puedes padecer la presión de un hueso sobre un nervio. Energéticamente, no podemos invertir ese problema…todavía.”

Se nos presentó otra ilustración de desequilibrios energéticos cuando un atleta joven vino y nos describió su problema.

“Tengo una sensación extraña en el corazón,” dijo. “He ido a varios médicos, incluyendo a dos cardiólogos, pero todos me dicen que no me pasa nada, que todo está bien. Incluso me hice un electrocardiograma, y todo parece estar normal,”

“Este puede ser un buen ejemplo de un desequilibrio energético,” le dijo Max. “Cuando sientes que tienes un problema, pero no hay manifestación física o certificación médica de que lo tienes, es bastante posible que exista una causa energética para ese problema. Dime, ¿te cuesta dormir?”

“Me despierto en medio de la noche y no puedo volver a dormirme,” admitió el hombre.

Una vez se hubo marchado, Max le realizó una evaluación energética breve usando su foto. Confirmó sus sospechas: había un problema hereditario en la frecuencia de la válvula mitral.

Max comentó, “Este desequilibrio suele interpretarse como ‘Shen inquieto’ por un maestro de acupuntura. Se cree que el Shen inquieto provoca problemas en el sueño. Siempre me ha parecido interesante que, para un maestro de la acupuntura, despertarse a las tres o cuatro de la mañana indica un desequilibrio en el meridiano del corazón, pero la medicina Occidental generalmente no asocia el sueño con el corazón. Quizás sea porque el campo de la energía está fuera del campo de la medicina.”

Yo mencioné que solían surgir conflictos entre diagnosis médicas y nuestras evaluaciones energéticas. Aparecían muchos ejemplos de personas que nos aseguraban que, a pesar de que sus médicos les habían declarado libres de cáncer, la Evaluación Energética había manifestado la frecuencia de malignidad.

“Eso es porque no diagnosticamos, tratamos, ni curamos enfermedades,” dijo Max. “No practicamos medicina. No proclamamos que esto sea lo mismo que la medicina, o que la Evaluación Energética o la Nivelación Energética sustituya al cuidado médico. De hecho, como ya sabes, decimos lo contrario.”

“Oriental es Oriental, y Occidental es Occidental, y nunca…etc, etc…” dije yo.

“Precisamente,” dijo Max, conforme. “A menudo sucede que alguien tiene una fuerza vital de noventa y nueve y los médicos dicen que tiene cáncer. Voy a decirte algo: incluso aunque yo no pueda hablarte de la existencia de enfermedades, es imposible tener la frecuencia de malignidad activa y tener la fuerza vital de noventa y nueve. Lo que sí es curioso es que todos y cada uno de estos casos dió positivo en una o dos de las frecuencias priones. ¿Se manifiestan físicamente estas frecuencias priones en una forma que parece semejante al cáncer? Puede ser. Nunca lo sabré porque no practico la medicina. Lo que sí puedo decirte es esto: Aunque yo nunca discutiría un diagnostico medico, somos la única autoridad en el campo de la práctica de Nivelación Energética. Sencillamente, no hay nadie más que esté haciendo lo que hacemos nosotros y del modo en que lo hacemos. Y simplemente no creemos que haya alguien más que esté cualificado para emitir juicios sobre cuestiones energéticas. Igual que nosotros no estamos cualificados para discutir situaciones médicas, los profesionales de la medicina no están cualificados para discutir desequilibrios energéticos.”

Al final, tuvimos que pensar que, si la fuerza vital era menor que cien, había un desequilibrio, probablemente hereditario, que aún no había sido desintoxicado.

“Algo por debajo de la perfección es como mínimo sospechoso y posiblemente inaceptable,” dijo Max. “De hecho, seguramente tendré que medir la fuerza vital en una escala de uno a doscientos.”

“¿Por qué, si cien es perfecto?”

“Bien, suponte que lo hago, y que Fosdick resulta tener doscientos, y tú sólo tenías ciento noventa y ocho,” dijo Max. “¿Estás dispuesto a ser su inferior energético?”

La pregunta, evidentemente, era retórica, con lo cual, le di respuesta oportuna: “Deja que Fosdick, el gatito alienígena, siga siendo una inspiración para todos nosotros.”


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